
Iconos combativos
Entre las últimas décadas del siglo XIX el Estado Nacional abrió un combate por la colonización simbólica de los espacios de poder, propiciando la secularización de la esfera social pública mediante una nueva liturgia, la liturgia cívica, apoyándose fuertemente en la difusión de los llamados “símbolos patrios” entre los cuales el escudo y la bandera nacional ocuparon un lugar central.
El proceso se agudizó con significativos cambios hacia la segunda década del siglo XX, a la luz del escenario que inauguró la reforma política desde 1912, reflejándose en la emblemática institucional con la adopción de otros registros iconográficos, dando cuenta de nuevas luchas por la definitiva consolidación de un estado y una cultura emancipados de los viejos moldes conservadores.
Se observa en consecuencia el empleo del símbolo estadual para las instituciones oficiales o vinculadas al sector público, con la excepción de algunas pertenecientes a la esfera confesional anteriores a la existencia de dicha entidad jurídica.
La gestación
“…el sentimiento es fuerza y la idea es luz”
(Pedro E. Martínez, discurso de asunción, 1923).
La Universidad Nacional del Litoral surgió como expresión del fuerte impulso transformador que experimentó Santa Fe a comienzos del siglo XX, en medio de un ambiente cultural efervescente por el accionar pro democrático y laicista de la dirigencia política, de entidades sociales con gran protagonismo e inserción, personalidades destacadas de la cultura y nuevas juventudes; mancomunidad no circunscripta a la ciudad de Santa Fe, sino extendida a las ciudades de Paraná y Rosario que experimentaron un clima de similares características. Se conformó una comunidad ideológica de alcance regional que en líneas generales compartió metas y procederes.
Partícipe de esa generación, de sus inquietudes ideológicas y de sus luchas, Pedro E. Martínez concibió un emblema para la nueva Universidad, nacida con la Reforma que promovieron los jóvenes estudiantes a quienes él escuchó y estimuló y de quienes recibió un apoyo incondicional. En la fundamentación de la propuesta, expuesta ante el Consejo Superior el 30 de junio de 1926 se advierte que mas allá de su sensibilidad por el arte y los estudios clásicos, la verdadera razón por la cual Martínez se hizo cargo de gestar el proyecto fue garantizar la perennidad de las conquistas obtenidas por la generación reformista bajo aquella ecuación magistral de su primer discurso: el sentimiento es fuerza y la idea es luz.
La alegoresis: la personificación de las virtudes que se promueven es uno de los atributos de toda alegoría que se precie de tal y adquiere un protagonismo mayúsculo en el arte del grabado para sellos, emblemas y membretes a comienzos del siglo XX. El efebo es una “personificación alegórica”, y cumple su función al traducir icónicamente el imperativo institucional de marcha decidida, con la firmeza de la juventud y la luz perpetua del conocimiento. Su “manifestación del poder” adquiere en la literalidad e inconfundible clasicismo del Efebo la anhelada efectividad; la antorcha vuelve a ser recogida por el hombre libre de las ataduras dogmáticas, un hombre de joven pensamiento.
La clara función del Efebo es reforzada por el tono imperativo del lema “Lux Indeficiens” ( luz que no puede faltar) cuyo texto se entrelaza plásticamente con la figura, haciendo inevitable una lectura conjunta y complementaria. Manteniendo el uso convencional del latín como lengua docta, en estas palabras se halla quizás la referencia más clara a una concepción filosófica y pedagógica de raíz laicista, al ser vinculadas por Martínez con los versos del poeta romano Tito Lucrecio Caro (96 A.C.-55 A.C.) quien se adscribe a la filosofía epicúrea y a la física atomista de Demócrito, con marcada irreligiosidad.
La presencia de las insignias de Santa Fe, Entre Ríos y Corrientes en la parte inferior del emblema no es un atributo menor, pues da cuenta de una de las luchas más caras a los ideólogos y promotores de la Universidad Nacional desde 1914; la lucha por una unidad regional que institucionalizara un creciente vínculo cultural existente entre las tres provincias.
Finalmente, la leyenda “Universidad Nacional del Litoral”, seguirá acreditando la necesaria legitimación que el status le otorga a la empresa, y recordando el motivo de los primeros reclamos estudiantiles hacia 1912.
El artífice daría luego forma a la idea
“el reencuentro dentro de una visión moderna con los auténticos valores del pasado”
Quien llevó al lenguaje plástico el proyecto de Martínez fue Benjamín Alfredo Bigatti (1898-1964), joven escultor argentino perteneciente en ese entonces al llamado “Grupo de París”, que tenía una clara posición ideológica, expresada así por el propio artista:
“El academicismo decadente que nos rodeaba en nuestro país, era asfixiante. (…) Nuestra posición estaba tomada y fue de lucha contra el oficialismo, sin ninguna esperanza de conquistar prácticas o prebendas oficiales (…) Este grupo ya había planteado un nuevo frente revolucionario; enfrentábamos con nuestra labor la búsqueda de lo eminentemente estructural y de los auténticos valores plásticos…”
Como experiencia estética, el grupo apostó por un arte nuevo y sin embargo tributario; nuevo por romper con los imperativos de la Academia y aventurarse en el reencuentro de las leyes básicas del arte escultórico; tributario por buscar esas leyes en el arcaísmo primigenio de las civilizaciones históricas, afirmándose en el concepto de la escultura arquitectónica: resolver los problemas de la representación humana dentro de los elementos geométricos, buscando un total arquitectónico en el conjunto de la obra.
La encomienda de la Universidad Nacional del Litoral corresponde al arte del cincelado en pequeños formatos con el cual Bigatti comenzó su vida artística y que, tras los años de duro trabajo monumentalista (entre 1940 y 1952 aproximadamente) retomó con gusto, pues entendió al trabajo más solitario del grabado, la monocopia, los pequeños relieves y esculturas de bulto menores, como un espacio íntimo de experimentación y transformación.

La gestación
…el sentimiento es fuerza y la idea es luz” (Pedro E. Martínez, discurso de asunción, 1923).